Los ConsorcistasLos Consorcistas "Sumando fuerzas, se resta esfuerzo"

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"Aún en el medio del caos, siempre hay una isla de esperanza"
EDITORIAL

El temor al bienestar y… ¡pánico al éxito!

Los Consorcistas Todos los que llegan a este sitio, lo hacen prácticamente por las mismas razones: administradores que no satisfacen sus necesidades; encargados de edificio que —amparados en la impunidad que les dan sus sindicatos— no cumplen con sus rutinas; vecinos complicados que se amparan en la inoperancia de Estado, etc. Aunque la razón única es la angustia generada por la "imposibilidad".

En resumidas cuentas, si usted llegó hasta aquí es porque tiene un problema; y porque ese problema lo ha desbordado. Pero eso no quiere decir que ya ha dicho "¡basta!" y está actuando en consecuencia. La mayoría de las personas se quedan sólo en el intento. "Parece como que…" y luego, no pasa más nada. Actúan desde el enojo y no desde el amor propio. Por eso, tanto como levantan temperatura, tan pronto se enfrían. Y la razón es muy sencilla: "tienen miedo". Pero el miedo no es sólo en relación al hecho de perder o equivocarse sino al de ganar o ser asertivo. Es más: estadísticamente se teme más a concretar que al fracaso. ¿Por qué? Porque el éxito implica compromiso y responsabilidad, y la mayoría de los individuos tiende al conformismo y a la inoperancia. Además, el fracaso es previsible, puede conjeturarse, es conocido, el éxito no. Y el temor a lo desconocido siempre genera incertidumbre. Ya lo dice el refrán: "más vale malo que conocido que bueno por conocer". De modo que acertar un diagnóstico negativo es más fácil que acertar uno positivo y asegura alimento para el Ego. Inconcientemente uno lo sabe, y actúa en consecuencia.

En síntesis: el miedo nos hace racionalizar el conflicto, y así, lo diluye con argumentos pueriles disfrazados de máximas: "no voy porque me hace daño"; "si digo lo que pienso, todos se reirán de mí"; "lo mío, siempre es menos importante que lo de los demás"; etc. Y con esos argumentos, "nunca" cerramos un tema; porque al tiempo que demandamos cerrarlo, nosotros mismos evitamos que esto suceda; no resolvemos.

Resolver, en cambio, implica "cerrar un tema". Y por una conducta cultural aprendida, los seres humanos tendemos a no cerrar nunca los temas que nos atormentan, puesto que eso forma parte de nuestro alimento diario, nos pone en el centro del Universo como inocentes víctimas, y nos justifica la existencia. "Sufro: luego existo".

Pero lo más llamativo es que el problema que lo ha traído aquí no es precisamente el hecho de que el administrador de su consorcio sea corrupto e inoperante o el encargado hace lo que quiere (eso es lo que uno cree, lo que necesita hacerse creer) sino que entre todos los miembros del consorcio le dieron lugar para ello. Por acción o por omisión, pero todos han sido de alguna manera "cómplices" y "responsables". O sea que, desde algún lugar de sí, usted presiente que así como pudo ser uno de los actores para que las cosas hayan llegado a empeorar de la manera en que lo hicieron, ahora puede serlo para que mejoren, y eso, ¡es muy bueno!

Entidades físicas y abstractas

Ahora bien, para ir entrando en calor, recurramos un poco a la filosofía y otro poco a las ciencias inmediatas.

En el mundo real existen dos tipos básicos de entidades: las físicas o corpóreas y las abstractas o incorpóreas.

Las entidades físicas, por ejemplo, son las personas. Uno las puede percibir desde los 5 sentidos básicos (tacto, olfato, vista, olor y sabor). A su vez, estas entidades están compuestas por otros seres físicos diminutos y microscópicos que, asociados colectivamente, conforman una "entidad viva": las células. Las que a su vez están formadas por otras entidades menores asociadas llamadas átomos, los que a su vez están formados por la asociación de otras entidades menores llamadas partículas, que están compuestas por un conjunto de "nucleones", que a su vez… etcétera, etc. Es decir que, un individuo es la asociación colectiva de otras entidades físicas menores interactuando equilibrada y conjuntamente todas entre sí. Y que la suma de varios individuos asociados conforma un núcleo familiar, un equipo de fútbol, un grupo de rock, y para el caso: "un consorcio de propietarios".

Concluyendo: los cuerpos colectivos son entidades reales compuestos por cuerpos individuales asociados de acuerdo a un fin o accidentalmente. Sin embargo, de la interacción de esos individuos (y la sociología lo explica muy bien) se generan espontáneamente entidades abstractas, que no son más que el resultado de la sinergia entre estos individuos. Algo a lo que los militares llaman con total certeza "espíritu de cuerpo" o los naturalistas y sociólogos "espíritu de la manada".

El recientemente fallecido José Saramago (Premio Nobel de Literatura) solía decir: "En un matrimonio hay tres personas: el hombre, la mujer y la tercera persona formada por los dos". Mejor ejemplo, imposible.

Esto viene a demostrar que entre las partes componentes de una cosa interactiva, se establecen reglas y contratos explícitos e implícitos que van más allá de la compresión y/o aceptación de las partes mismas que lo componen, subordinándolas individual y colectivamente conforme a la entidad surgida entre las mismas. Por ejemplo: el pacto de amor entre un hombre y una mujer, está más allá de su consentimiento y mutua comprensión, al punto que los subordina y los gobierna sin que éstos puedan percibirlo. Lo mismo sucede cuando dos sujetos discuten: se crea una energía superlativa que los atraviesa y los posee al punto que los subordina para que por medio de ellos esa energía misma se exprese como entidad eventual.

El espíritu de la colmena

Desde que la humanidad tomó conciencia de sí misma, pudo observar que muchos grupos de seres vivos estaban gobernados por una entidad que estaba más allá de los integrantes que la componían. Un grupo de hormigas amazónicas, por ejemplo, sujetas a las permanentes inundaciones de la zona, suelen construir islas flotantes con cadáveres de hormigas que se sacrifican para que el resto de sus pares sobreviva, y con ello, sobreviva la colonia misma. Lo mismo hacen cuando encuentran un río como obstáculo para alcanzar la otra orilla: construyen un puente de hormigas aferradas entre sí o aferradas a una brizna de hierba para que el resto de la colonia alcance la otra orilla. Es decir que lo individual está subordinado a lo colectivo y lo colectivo, a su vez, está subordinado a lo arquetípico, esto es: la idea primordial que conceptualiza la idea de colonia, colmena, manada, colectivo, etc. en tanto es común a la idea misma. Lo mismo sucede con casi todas las colonias de abejas que se sacrifican en pos de resguardar el espíritu de la colmena o el propio cardumen o la bandada que es guiada por una mano invisible y hace que todos actúen de manera sincronizada.

El espíritu de cuerpo es el resultado de la interacción entre individuos en una circunstancia dada y puede variar de acuerdo a la dinámica del grupo. E inclusive, sus intereses, están más allá de los intereses individuales de los que lo componen. Llamativamente es una entidad incorpórea que actúa de manera pendular de acuerdo a una energía, también espontánea, llamada "consenso". Tal es así que, el sólo hecho de ser mayoría con respecto a una consigna previa, no implica que en un momento dado ésta sea la consigna consensuada. Dicho de otro modo: ser mayoría no implica aceptación mayoritaria. Este fenómeno, en apariencias contradictorio, explica el comportamiento de las hegemonías minoritarias a raíz de lo cual la verdad y la justicia no son condición sine qua non de una certeza y mucho menos de un cumplido. Y en todo ello existe un denominador común llamado "supervivencia" y un factor taxativo llamado "poder". De modo que, quien tenga el poder controlará la supervivencia.

El ejemplo más claro lo representa el exterminio indígena de los autóctonos sudamericanos por manos del español conquistador o de los norteamericanos por parte de los colonos ingleses. Y en el caso de un consorcio de propietarios, el poder del administrador debe asegurar la supervivencia de los administrados que le confirieron su mandato. Pero no siempre es así por las razones inicialmente expuestas, y ahí sobreviene el escándalo, los apuros, las pasadas de factura, y la transferencia de culpas y responsabilidades.

Otro factor similar es el que se conoce como "Paradoja de Abilene". Que es cuando todos, o la mayoría de los integrantes de un grupo, hacen algo contra sus propios deseos o intereses con el sólo fin de conformar a un tercero. Este pensamiento generalizado surgido "porque sí", termina siendo luego el verdadero "manipulador" de la situación ya que tuvo consenso de la nada, o mejor dicho: "de un supuesto falso". Su nombre viene de un libro de Jerry B. Harvey, experto en administración, publicado en 1988: The Abilene Paradox and other Meditations on Management.

En resumen, la Paradoja de Abilene postula que en situaciones críticas existe, en el pensamiento gregario, una tendencia a tomar decisiones poco satisfactorias, y es muy similar a lo que se conoce como "Pensamiento de Grupo" (groupthink en inglés), término acuñado por el psicólogo Irving Janis en 1972.

Otros fenómenos similares son: la Polarización Grupal; la Ignorancia Pluralista; Marketing Predictivo; Seudoconsenso; Error fundamental de atribución y Argumentum ad populum.

Cuidar el cuerpo y no perder la cabeza

De modo que una de las condiciones primordiales de toda comuna ya sea animal o vegetal (entre las plantas también se da esta dinámica de grupo) es la de cuidar la cabeza y controlar que ésta haga correctamente el papel asignado al tiempo que ésta debe cuidar que el cuerpo no se desvíe de los principios rectores mutuamente acordados. Es una relación dialéctica y por lo tanto: recíproca y dinámica.

Un caso muy típico lo representan algunos predadores que para inhibir la dinámica de un grupo determinado de presas matan al macho o a la hembra alfa. Por el contrario, para asegurarse la estabilidad grupal, las leonas comparten el poder matriarcal al igual que las castas femeninas de elefantes. En ambos casos, el macho es periférico y circunstancial en tanto hace a la dinámica del grupo y su espíritu de manada.

En el caso de un consorcio de propietarios, la cabeza es el administrador y, de alguna manera, sus vísceras vitales (el corazón por ejemplo) son los miembros del Consejo de Administración. Después hay órganos menores que vendrían a ser los que colaboran o cuidan al conjunto de ese cuerpo social que es un consorcio y a quienes podríamos ver como "anticuerpos".

De modo que el Consorcio es una "entidad viva"; entendiendo por vivo a todo aquello que interactúa entre sí y con el medio ambiente, y que tiene distintos grados de organización en pos de su supervivencia, tanto como si fuera un individuo en relación a su organización celular. De ahí que un mal vecino, un mal encargado o un mal administrador, sean vistos siempre como un cáncer en el cuerpo del consorcio.

El problema surge cuando la cabeza no hace lo que le dicta o requiere el cuerpo o cuando el cuerpo no acompaña los actos volitivos o cognoscitivos de la cabeza o del espíritu de cuerpo. El consorcio se enferma, y corre el riesgo de colapsar. Pero hete aquí otro fenómeno sociológico sorprendente: los consorcios, como los países, colapsan, pero no mueren. Caen gobiernos pero no países. Así como ruedan cabezas de administradores pero los edificios, corporativamente hablando, jamás se derrumban.

Y por esa misma razón es que podemos afirmar que no hay un solo responsable de la corrupción de Estado ni de un Consorcio de Propietarios sino que alguien "capitalizó" las debilidades ajenas del conjunto; y esto puede deberse a la falta de uniformidad en los criterios, a la ignorancia, por simple desidia, individualismo o credulidad de sus miembros.

De todos modos, holísticamente hablando, el rol que le cabe al administrador como cabeza de una entidad consorcial debe estar velado por cada uno de los miembros de un consorcio individualmente e interactuando como un todo corporativo en pro de su bienestar general.

Materializar el intento

En síntesis, de lo que se trata es de no conspirar contra uno mismo ni de creer que, porque uno dice: "debería resolverlo", resuelto queda.

Lo que uno no percive es que, al decir "debería", se está postergando y no cumple con la máxima de no dejar para mañana lo que pudo hacerse hoy. Además, ese "debería" tan impersonal nos delata a cada instante; nos pone en evidencia ante un proceder tan ingenuo de pasar la pelota y "mirar para otro lado" como si fuéramos niños (que no lo somos) evadiendo de este modo nuestras responsabilidades adultas.

Esta actitud, en sí, no es más que el síntoma individual de una enfermedad del alma que converge en un síntoma general del consorcio; retroalimentándose individualmente como una enfermedad epidémica tal como la del "yo no me meto", el "para qué, si total nunca pasa nada", "todo cambia para que nada cambie", y toda esa panoplia inapropiada de galimatías a la que recurrimos faltos de imaginación y desde nuestra peculiar cobardía solapada.

De modo que su presencia en este sitio es un leve síntoma de salud, lo aplaudo, pero para "materializar" ese intento usted deberá asumir el protagonismo que le quepa y de ahí en más, verá que todo comenzará a resolverse paulatinamente a medida que los buenos resultados estén a la vista. Materializar el intento, es salirse del pobrecito.

Gustavo Karcher/.Esta firma es del sitio de Los Consorcistas y fue actualizada el 17/12/09. Su aparición en otros medios es absolutamente apócrifa.
Ciudadano "responsable"
y defensor de los derechos
de la comunidad consorcial.
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Administración de Consorcios de Propiedad Horizontal - Gustavo Karcher